Glenda Joanna Wetherborn

Académica y educadora popular afrodescendiente guatemalteca, Especialista internacional en Comunicación para el Desarrollo, Interculturalidad e Incidencia Política, en Guatemala, Centroamérica y El Caribe. Periodista Profesional y Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Universidad de San Carlos de Guatemala, Máster en Igualdad y Equidad para el Desarrollo, Universidad de Vic en Barcelona.

Los derechos humanos son algo que nadie te puede quitar… Aunque en el contexto actual pareciera que está condicionado a un: Siempre y cuando los puedas pagar (y te los quieran vender porque en muchos casos, contar con los medios materiales tampoco es suficiente).

Los principios de igualdad y no discriminación son el fundamento del derecho internacional. Entendiendo que los derechos son inherentes a todos los seres humanos, sin distinción alguna de nacionalidad, lugar de residencia, sexo, origen nacional o étnico, color de piel, religión, creencias, idioma, etcétera.

Existe diversidad de instrumentos, mecanismos, procedimientos especiales y mandatos internacionales para que se reconozcan y cumplan: Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Carta de Naciones Unidas, Pactos Internacionales, Acuerdos y Convenios sobre los derechos económicos, sociales, culturales, Civiles y Políticos, Declaraciones específicas y demás.

La mayoría de estos compromisos internacionales han sido ratificados por el Estado de Guatemala. No obstante, de acuerdo con informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la situación de los derechos humanos en Guatemala se puede resumir en:Diversidad, desigualdad y exclusión, pues el ejercicio de los derechos humanos está condicionado a las posibilidades de cada persona de ejercer su ciudadanía activa.

En nuestro contexto vemos cómo las condiciones socioeconómicas desiguales derivadas de la distribución de la riqueza y los ingresos del país generan una brecha más amplia entre la población en pobreza y pobreza extrema en continuo aumento, y una reconcentración de la minoría de población que tiene acaparado alrededor del 90% del capital y recursos del país (vía despojo, usurpación, explotación y violencia).

La división de clases no es el único obstáculo para los derechos, el racismo y el sexismo operan a igual medidaen todos los ámbitos, como agravantes.La identidad étnica-cultural, la ubicación geográfica (urbano, rural, periférica, marginal), la situación de pobreza, el sexo, la orientación sexual, la identidad de género, la discapacidad o capacidad diferente física o mental, la edad y prácticamente cualquier característica humana no hegemónica, significa que una persona tiene menos posibilidades o encuentra más obstáculos para ejercer sus derechos.

La situación de los pueblos originarios (indígenas y afrodescendientes) y de las poblaciones migrantes y desplazadas, sigue siendo una de las más vulnerables, y a lo interno de cada una de estas comunidades, las mujeres y niñas continúan estando más expuestas, agredidas y sacrificadas; aún con toda la institucionalidad creada.

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Estamos frente al vigésimo aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz Firme y Duradera, pero las guatemaltecas y guatemaltecos no estamos viviendo en paz. Implementar una cultura de paz, respeto y tolerancia (en la que el cese al fuego definitivo es sólo una de las condiciones necesarias), también implica oportunidades para el desarrollo integral y una vida digna: acceso a bienes y servicios básicos públicos: Salud, Alimentación, Educación, Vivienda, Empleo, Recursos productivos, Seguridad, Justicia…

Es necesario atender con propiedad y pertinencia, las manifestaciones tradicionales, modernas y disfrazadas de racismo, discriminación e intolerancia que mueve nuestra sociedad al ritmo de crisis políticas e institucionales, nuevas modalidades de conflictos, débil y desacreditada democracia, discriminación estructural, la exclusión social, incrementada inseguridad y violencia, ausencia y debilidades en la ejecución de políticas públicas integrales e insuficiente administración de justicia.

Es urgente ampliar la mirada, con un enfoque integral de inclusión a partir de los Derechos Humanos, la Interculturalidad, La Equidad de Género y el Desarrollo. Eso involucra obligadamente ampliar también el concepto de Identidad étnico-cultural contenido en los Acuerdos, porque muchas/os no estamos nombradas/os y por tanto, no existimos en términos jurídicos. Eso limita las garantías individuales y colectivas, e incrementa las deudas pendientes para nuestra dignidad, reconocimiento, justicia y desarrollo.