Víctor Ferrigno F.
Jurista, analista político y periodista guatemalteco.
Guatemala, 10 de octubre del 2016.

La semana pasada se realizaron dos importantes actividades, que abordan el tema del desarrollo desde perspectivas distintas. Me refiero a la XIII edición del Encuentro Nacional de Empresarios (Enade) y la presentación del XI Informe Nacional de Desarrollo Humano para Guatemala, elaborado por el PNUD.

            En el Enade, la cúpula empresarial avaló la propuesta de Fundesa para la creación de unas diez ciudades intermedias, y priorizar el desarrollo de nueve cadenas de valor o clústeres, que tienen mayor capacidad de generación de empleo, para lo que se requieren aproximadamente Q 45 mil millones, según explicaron.

            Es importante destacar que, en la apertura del Enade, el presidente del Cacif, José González-Campo, manifestó la necesidad de impulsar un diálogo económico fiscal, pues “el Estado requiere de mayores recursos, mejor utilizados”, por lo que “hay que aportar lo necesario para que cumpla su función”. Agregó que “No podemos reducir la pobreza sin generar crecimiento económico inclusivo”.

            La idea de crear ciudades intermedias es tan vieja como necesaria, pues dos tercios de la humanidad vivirán en ciudades en 2030, según la ONU, advirtiendo que  “la urbanización mal planificada podría generar desorden económico, congestionamiento, contaminación y disturbios civiles”.

“Esta expansión urbana es un desperdicio en términos de consumo de tierra y energía y aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero”, según ONU-Habitat. La gente migra a las urbes por la pobreza y la exclusión en el campo, por lo que la urbanización no es necesariamente algo positivo y, si se hace mal, los efectos pueden ser devastadores.

Todo lo anterior no apareció en la Enade, pues su propuesta es general, inconsistente y, sobre todo, se centra en el viejo concepto de “crecer económicamente”, que es un eufemismo para reiterar el arcaico modelo concentrador de riqueza, que no genera desarrollo social.

El Cacif ha tenido la rectoría de la economía nacional durante los últimos 62 años, y su modelo ha sido un total fracaso, tal como se evidencia en las cifras duras del último informe del Índice de Desarrollo Humano (IDH), que refleja los logros del país en la satisfacción de las necesidades sociales básicas, y mide tres dimensiones: salud, educación y nivel de vida. Para este estudio, se analizaron políticas públicas implementadas en Guatemala, desde 1985 hasta el 2015.

El informe resalta que “el 73% de la población no pudo cubrir sus gastos porque los ingresos que percibe no son suficientes, y tres de cada 10 familias no pudieron cubrir sus necesidades de alimentación”. Destaca que “debido a la falta de recursos económicos, más del 80% de la población acude a servicios públicos de salud y educación, aunque la calidad de estos suele ser precaria, por la baja inversión presupuestaria que se les asigna”. También subraya que el gasto social que el Estado hace en sus habitantes apenas alcanza el 6% del producto interno bruto, cuando en el resto de América Latina llega a 18%, o sea, es tres veces mayor.

Una de las principales conclusiones del informe es que el crecimiento económico no se traduce en mayor desarrollo humano, por la alta concentración de la riqueza y por un Estado sin capacidad para acelerar los procesos de desarrollo, resultando mayormente afectada la población rural e indígena, por condiciones de desigualdad, generándose justificadas protestas sociales.

Este fracaso societario es lo que debemos discutir ya, antes de que sea tarde. ¡No le tengamos miedo al debate, Felipe! Esto urge.